¿CÓMO SABER SI DEBEMOS IR A TERAPIA DE PAREJA?

Durante los meses de confinamiento muchas parejas se han visto resentidas por la convivencia y las situaciones y emociones inusuales que hemos estado experimentando. Sumado a esto, según dicen las estadísticas, en septiembre aumentan notablemente los divorcios y rupturas de pareja.

Una parte importante de nuestro bienestar viene condicionada por cómo estemos en nuestra relación de pareja; muchas veces vemos como la relación se está deteriorando sin que hagamos nada por cambiarlo, o nuestros intentos para hacer que mejore no funcionan. A veces, cuando ya no podemos aguantar más y no vemos la salida es cuando pedimos ayuda profesional, pero, ¿y si lo hiciésemos antes?

En este artículo os voy a dar algunas ideas o señales de alerta que pueden indicar que una terapia de pareja podría ayudaros.

De todos modos, si tenéis dudas, podéis contactar con un psicólogo/a y explicar el caso, seguro que podremos orientaros y ayudaros a trabajar en vuestras dificultades u obstáculos.

Señales que nos indican que algo va mal en la relación: 

Discutimos mucho: Si sientes que cada vez aumentan los desacuerdos y os engancháis en discusiones inútiles y destructivas; y por más que lo intentéis no conseguís que la situación cambie; tal vez una ayuda externa pueda ser útil.

Problemas de comunicación o no comunicación: El fallo en la comunicación es el motivo más frecuente de consulta. Muchas veces nos enzarzamos en discusiones o conversaciones en las que hacemos daño a la otra persona o sufrimos nosotr@s mism@s. O también ocurre lo contrario, los miembros de la pareja no se hablan ni se comunican y la relación poco a poco va muriendo. Necesitamos poder transmitir nuestras preocupaciones, nuestro malestar, nuestras necesidades y deseos a nuestra pareja sin que sea un reproche o un ataque.

Problemas sexuales: La sexualidad es una parte muy importante en la pareja, y también muchas veces es un reflejo de cómo se encuentra la relación. Si tenéis dificultades a nivel sexual: disfunciones sexuales, falta de deseo sexual, o en general muestras o mostráis insatisfacción o dificultades en este ámbito; no dudéis en consultar a un terapeuta sexual o de pareja que podrá daros herramientas para mejorar la situación.

Situación de crisis en la pareja: En muchas ocasiones la pareja o uno de sus miembros pasa por situaciones vitales que afectan a su relación debido a su manera de afrontar la situación, su estado anímico, sus conductas… tal vez se encuentre más irritable, apático/a, triste, etc. y acabe afectando a la relación de pareja. Algunos ejemplos pueden ser ante la enfermedad de uno de los miembros, el duelo por la muerte de un ser querido, despido del trabajo, nacimiento de un hijo/a, un aborto, el inicio de la convivencia, etc.

Ausencia de proyecto común, dudas sobre el futuro: Una vez pasa el enamoramiento o fase inicial de la relación y nos planteamos algo más; a veces nos damos cuenta de que nuestros proyectos futuros y los de nuestra pareja no tienen nada en común; y nos planteamos si queremos las mismas cosas que nuestra pareja, si queremos vivir en el mismo lugar, si tenemos una forma similar de afrontar el futuro y ver la relación… Si surgen todas estas dudas y te generan malestar, un proceso de terapia y de autoconocimiento en la pareja pueden ser muy útiles y sanos para valorar el futuro de la relación.

Infidelidades, celos y desconfianza: La infidelidad es la principal causa de separación en las parejas; pero aunque la separación no se produzca, normalmente aparecen en la pareja celos y sobretodo desconfianzas. Si habéis vivido una situación de infidelidad o sentís celos aunque no haya habido infidelidad, una terapia de pareja puede ayudaros a trabajar las emociones que hay detrás, en qué momento os encontráis como pareja; y sobretodo el trabajar de nuevo en recuperar la confianza entre vosotros/as.  

Dudas o acompañamiento en la separación: En ocasiones ya hemos llegado a un punto de no retorno y sentimos que no vale la pena continuar con la relación; pero el momento de la separación es muy doloroso y complicado y se nos hace un mundo tomar la decisión y hacerlo de la mejor manera posible. Acudir al psicólogo/a para tomar la decisión de manera consciente y conseguir una separación de manera amistosa y saludable puede ayudar a ambos miembros y a los hijos/as en caso de que los hubiera.

De todos modos, la terapia de pareja no solamente es recomendable cuando haya un alto nivel de conflicto y sufrimiento en la pareja; sino que también puede ser aconsejable para parejas con una buena relación que sean conscientes de que ciertos rasgos de ambos o nuevas situaciones (nacimiento de hijos, iniciar convivencia en pareja, convivir con los hijos de nuestra pareja, etc.) puedan desestabilizar la pareja y prefieran conocerse mejor y fortalecer vínculos para afrontar de mejor manera estas nuevas situaciones.

¿SIENTES ESTRÉS EN EL TRABAJO? APRENDE A GESTIONARLO

El trabajo ocupa gran parte de nuestras vidas, 8 horas de nuestro día, ¡a veces incluso más! Sentirse a gusto en este ámbito es fundamental para poder lograr que nuestro día a día sea agradable y que no acabe afectando a nuestra vida personal y a nuestro estado de ánimo.

Muchas veces el alto volumen de trabajo, algunos/compañeros/as, jefes, clientes, el ambiente laboral… y nuestra forma de vivirlo y gestionarlo, pueden llegar a producirnos estrés.

¿Cómo saber si tengo estrés?

– Te alteras fácilmente, te frustras, estás muy susceptible y de mal humor.
– Sientes que estás sobrepasado/a y que estás perdiendo el control.

– Puedes tener sintomatología física; como ansiedad, dolor de cabeza, fatiga, tensión muscular, etc.
– Tienes dificultad para relajarte y desconectar del entorno laboral.
– Te sientes mal contigo mismo/a (baja autoestima), sin valor y deprimido/a.

Todos estos indicativos pueden hacernos pensar que nos encontramos ante una situación que nos produce estrés. ¿Qué podemos hacer para gestionarlo mejor y aliviar nuestro malestar? Os dejo algunas sugerencias.

Estrategias para controlar el estrés

1. Evita el estrés innecesario:

– Pregúntate, ¿qué responsabilidades son tuyas? Atiende tus propias responsabilidades, pero piensa si estás asumiendo tareas que no son tuyas. Si es así, delega, aprende a decir “no” y libérate de las cargas que no son tuyas. Conoce tus límites y no los traspases, ya que esto puede pasarte factura.

–  Evita, en la medida de lo posible, a las personas o los temas que te causan estrés: si a menudo sueles tener enfrentamientos a raíz de un mismo tema o hay personas con las que te resulta más difícil trabajar, piensa: ¿puedo evitar estas situaciones de alguna manera y seguir cumpliendo con mi trabajo? Es posible que en algunas ocasiones no puedas, en ese caso intenta buscar una nueva forma de comunicarte o afrontar el problema que pueda darte soluciones diferentes.

Toma el control de tu entorno y tus tareas: Si sabes que ir conduciendo al trabajo te pone nervioso porque hay muchos atascos, ¿puedes ir de otra manera para llegar más relajado? Revisa el entorno que engloba tu trabajo y detecta qué cosas contribuyen a tu estrés y si podrías cambiarlas o evitarlas. Revisar tu horario y tus tareas diarias puede ayudarte. Administra bien tu tiempo y organiza tus tareas para que puedas afrontar el día con más calma.

No todo el estrés puede ser evitado y tampoco es saludable evitar una situación que necesita ser tratada; pero tampoco es necesario que nos carguemos con más estrés del que “nos corresponda”.

2. Adáptate al estrés y cambia tu visión

– Reformula los problemas: Cuando un problema se nos atasca y no vemos la salida, es importante intentar verlo desde varios prismas y formular soluciones alternativas, consulta con tus compañeros/as de trabajo o amigos/as quizás puedan darte diferentes visiones de una misma situación y te aporten nuevas ideas.

– Rebaja el perfeccionismo: Si te consideras una persona muy perfeccionista y esto te está causando un nivel tan elevado de exigencia que acaba generando estrés; piensa ¿cómo puedo rebajar ligeramente mi exigencia sin que me provoque malestar? Márcate estándares razonables y prueba a llevarlos a cabo, valora cómo te sientes.

Toma perspectiva de la situación estresante: Pregúntate lo importante que será esa situación a largo plazo. ¿Importará dentro de un mes? ¿Un año? ¿Vale la pena enfadarse o frustrarse de nuevo? Si la respuesta es no, enfoca tu tiempo y energía en otros lugares.

Acepta lo que no se puede cambiar: Algunas fuentes de estrés son inevitables. Hay muchas cosas que no están bajo nuestro control; como los comportamientos de otras personas, las condiciones laborales, etc. En estos casos, sólo nos queda aceptar que las cosas son así. La aceptación es un proceso difícil, pero cuando lo logramos nos proporciona tranquilidad.

Expresa tus sentimientos: Comparte tus preocupaciones, si hay algo o alguien que te molesta en su manera de trabajar intenta comunicárselo de una manera asertiva, ya que sino a la larga acabará generando un mayor resentimiento. Es bueno también expresarlo fuera del trabajo con personas de confianza o si la situación es muy desbordante consultar con un/a psicólogo/a.  

Para 5 minutos y no te olvides de mirar en positivo: Cuando te encuentres en momentos de elevado estrés, para; tómate 5 minutos, respira, relájate y luego continúa. No te olvides de pensar en las cosas positivas ya sea en tus cualidades, en las cosas que aprecias en tu vida… Intentar pensar en positivo nos puede ayudar a mantener las cosas en perspectiva.

3. Cuídate, relájate, disfruta y recuerda que hay otras cosas importantes en tu vida además del trabajo.

– ¡Cuídate!: Duerme las horas necesarias, un buen descanso es fundamental. Cuida las horas de tus comidas, come una buena dieta, reduce la cafeína, y no te olvides de practicar ejercicio. El ejercicio físico es muy liberador y te ayudará a descargar y sentirte mejor.

– Dedica tiempo de calidad a las personas importantes en tu vida: Recuerda que hay vida más allá del trabajo y también debemos cuidarla, dedicarle tiempo y disfrutarla. Plantéate qué cosas te hacen feliz, qué personas son importantes para tí y si les estás dedicando el tiempo que te gustaría. Amigos/as, familia, pareja… debemos cuidar nuestras relaciones y disfrutar de ellas. Un buen círculo de apoyo te ayudará a gestionar mejor el estrés.  

– Haz algo que disfrutes todos los días: Aunque sea un pequeño detalle: volver del trabajo dando un paseo, comerte algo que te gusta, ver un capítulo de una serie, leer un libro, tomarte un café o un té, darte un baño relajante, escuchar música que te guste… Cuidarnos a nosotros/as mismos/as es una necesidad, no un lujo, ¡recuérdalo!

Coronavirus: ¿Cómo gestionar el miedo y la ansiedad?

Ante la situación que estamos viviendo, nos encontramos con muchas emociones y sensaciones que nos afloran y están muy presentes en nuestro día a día: el miedo, la tristeza, la rabia, la impotencia, la culpa, la ansiedad… Hoy me gustaría hablaros de dos emociones que probablemente estéis experimentando estos días en mayor o menor medida: el miedo y la ansiedad.

El miedo es una emoción que tenemos muy arraigada, desde pequeños sentimos miedo en muchos momentos y este miedo nos permite estar alerta ante los estímulos o situaciones que consideramos peligrosas y también ante la incertidumbre y la posibilidad de que se dé algún cambio. Sentir miedo de vez en cuando es positivo, nos ayuda a estar alerta ante los cambios y adaptarnos a ellos. Por ello, experimentar cierto miedo, es adaptativo. Pero, ¿qué pasa cuando nos encontramos en una situación de miedo constante? Es muy posible que experimentemos pensamientos intrusivos recurrentes, compulsión por hacer algo, obsesión por creer que tenemos o vamos a tener una sintomatología o de que va a sucedernos algo negativo, que nos bloqueemos y no podamos actuar, etc. Y es muy probable que una consecuencia de este miedo, sea la ansiedad.

La ansiedad y el miedo son emociones que suelen ir muy ligadas, ambas comparten la sensación de amenaza y el convencimiento de no tener las herramientas necesarias para hacerle frente.  En ocasiones estas dos emociones van juntas, probablemente una de origen a la otra.

En la situación en la que nos encontramos actualmente es posible que sintamos miedo a contagiarnos, a contagiar a otras personas cercanas, a morir, a que muera alguno de nuestros seres queridos, al futuro ¿cómo será? ¿cuándo terminará?…  por eso en este artículo he querido transmitiros algunas ideas que pueden ayudaros a afrontar estas emociones y a sobrellevar mejor nuestro día a día en confinamiento.

¿Cómo podemos controlar nuestro miedo y ansiedad?

Valida tus emociones: Primero de todo me gustaría que sepas que sentir miedo y ansiedad en esta situación es muy habitual; nos encontramos ante una situación nueva, completamente desconocida y la incertidumbre que se genera es muy grande. No escondas tus emociones y permítete sentirlas y compartirlas si te apetece, seguramente te sientas más respaldado/a y comprendido/a.  Habla con tu gente cercana, comparte, expresa cómo te sientes. Permítete la expresión de estas emociones, ya que el solo hecho de compartirlas es de por sí terapéutico.

Evita los estímulos que te causen ansiedad: Es probable que estos días el exceso de información y noticias que nos llegan te haga estar constantemente conectado/a con el tema y provoque que la ansiedad esté siempre presente. Te recomiendo que durante estos días reduzcas el tiempo de noticias en televisión, periódicos, redes sociales, etc. Dedícale como máximo una hora al día para informarte de la situación y después no vuelvas a ver noticias hasta el día siguiente. Asegúrate de que tus fuentes de información son fiables y contrastadas. Si detectas algún otro estímulo que sepas que te causa ansiedad (por ejemplo el contacto con algunas determinadas personas) intenta evitarlo en la medida en que te sea posible. Evita hablar del tema constantemente.

Controla tus pensamientos intrusivos: Es posible que en tu cabeza aparezcan pensamientos recurrentes y catastrofistas sobre la situación actual y la perspectiva de futuro que te generen malestar . Identifica cuáles son estos pensamientos y cuando sientas que aparecen, córtalos, no les des alas. Puedes encontrar formas de hacerlo en el artículo que escribí sobre cómo cortar tus pensamientos obsesivos. https://www.psicologasilvianoguero.es/pensamientos-obsesivos-como-controlarlos/ 

Créate una rutina: Es importante durante estos días de confinamiento, crearnos una rutina: vestirnos cada mañana, tener una correcta higiene, no pasar todo el día durmiendo, realizar actividades que nos gusten y distraigan, cuidar nuestra alimentación, sentirnos conectados/as con otras personas, etc.  Respecto al alcohol, recuerda que su consumo puede ayudarte temporalmente a aliviar tu malestar, pero no es una solución, sino una manera de evasión.  No lo utilices como fuente de alivio a tu malestar, ya que podría terminar convirtiéndose en un problema.

Escribe: Escribir ayuda a ordenar las ideas y exteriorizar las emociones. Si te cuesta hablar sobre lo que sientes o crees que constantemente lo estás hablando con tus seres más cercanos, prueba a escribir. Escribir te ayudará a reestructurar tus ideas y es otra forma de dar salida a tus sentimientos y emociones.

Toma el control. ¿Qué está en tus manos?: En psicología, para trabajar en la resolución de problemas utilizamos muchas veces la técnica del circulo de control, de influencia y de preocupación. Para ello debes escribir en un papel tus preocupaciones, y luego plantearte, ¿en cuáles de ellas puedes hacer algo? ¿qué puedes hacer tú? ¿qué está en tus manos? Por ejemplo: “Me preocupa contagiarme” ¿qué puedes hacer tú? Quedarme en casa, salir a la calle lo imprescindible para comprar y tirar la basura, lavarme las manos constantemente, seguir las recomendaciones, etc. Ante estas condiciones de incertidumbre y vulnerabilidad es importante que localicemos el centro de control de nosotr@s mism@s en nuestras decisiones. Tomar el control nos da sensación de seguridad, de que podemos hacer algo y alivia nuestra impotencia.

Si en tu lista aparecen preocupaciones en las que no puedes hacer nada, por ejemplo: “me preocupa que caiga en picado la economía del país” Identifícalas y repítete “no hay nada que pueda hacer yo ahora en este momento”, no dejes que esta preocupación ocupe más tiempo en tus pensamientos.

Practica actividades placenteras y dedícate tiempo a tí mismo/a: Es importante que en este tiempo no nos descuidemos a nosotr@ mism@s, que hagamos actividades que nos gusten, que nos hagan disfrutar, que dejemos paso al humor, a la alegría. ¿Qué te hace bien? ¿Te sirve la relajación, pintar, ver películas, escribir? ¿o mejor el ejercicio? Cada un@ sabemos lo que nos gusta y nos hace bien, no olvides cada día dedicarte tiempo a tí y hacer alguna actividad que te resulte placentera.

No olvides la actitud positiva y el optimismo: Nuestro estado emocional es muy importante, la alegría y la tranquilidad fabrican más defensas, el pánico y el miedo la disminuyen. Nuestra mente es poderosa, y tener un estado mental saludable nos va a servir para afrontarlo mejor. Repasa las habilidades que has aplicado en el pasado para manejar otras situaciones adversas que has pasado en tu vida; recupéralas y utilízalas para regular tus emociones actuales.

Si te sientes muy desbordado ante esta situación, sientes mucho malestar y te resulta difícil manejarlo, pide ayuda a un profesional. Tu salud mental es muy importante y más en estos momentos.  

Por último decirte, que la palabra china utilizada para decir “crisis” significa riesgo y oportunidad. El riesgo en este caso ya lo conocemos; pero no nos olvidemos de la oportunidad. Esta crisis pasará, y tiene que darnos la oportunidad de valorar lo que tenemos, de aprender, de reflexionar sobre nuestra vida, nuestra sociedad… la crisis pasará y tenemos que salir fortalecidos.

Como dice Rojas Marcos hoy en su artículo en El País, “ Como dijo con acierto un maestro de la medicina, las personas podemos vivir un mes sin comida, tres días sin beber agua, siete minutos sin aire, pero sólo unos pocos segundos sin esperanza. Es reconfortante recordar que nuestra especie no sólo ha sobrevivido a incontables epidemias y calamidades de todo tipo a lo largo de milenios, sino que además ha salido reforzada de ellas. Y es que nuestra capacidad de adaptación y superación no es un mito, sino un atributo congruente con nuestra naturaleza”

LA IMPORTANCIA DE VIVIR EL PRESENTE

¿Sabíais que el 45% de nuestro tiempo nos lo pasamos pensando en el pasado o en el futuro?

Estar pensando en cosas pasadas (qué nos pasó, qué podríamos haber hecho, cómo podría haber sido si las cosas hubieran sucedido de otra manera, etc.) muchas veces puede llevarnos a sentir rabia, tristeza, nostalgia, culpa…

Cuando pensamos en el futuro, siempre comporta un componente de incertidumbre, (¿cómo será? ¿qué pasará? ¿Algo saldrá mal? ¿cómo me sentiré?…) y muchas veces puede llevarnos a experimentar estrés, ansiedad, miedo… Un exceso de pensamientos sobre nuestro futuro y todas las cosas que tenemos que hacer y cómo serán, nos impide a menudo disfrutar de nuestro presente.

Vivimos en un mundo tan rápido, con tantas ocupaciones, preocupaciones, etc. Que muchas veces a lo largo del día funcionamos “en piloto automático”: levántate, ve a trabajar, ocúpate de la casa, ve a clase de inglés, prepara la comida para mañana, responde a todos los mensajes que has recibido…. y cuando te das cuenta el día termina sin haberte parado a disfrutar de lo que has hecho ni a pensar cómo estás, cómo te sientes, y si realmente estás viviendo la vida que quieres vivir.

Además, cada vez es más complicado concentrarnos en lo que hacemos, ya que tendemos a hacer varias cosas a la vez: vamos andando a la vez que escribimos un whatssap, comemos a la vez que vemos una serie o quedamos para tomar algo con unos amigos mientras pensamos en lo que tenemos que hacer mañana en el trabajo. De este modo ni disfrutamos el paseo, ni disfrutamos la comida, ni disfrutamos de pasar un buen rato con nuestros amigos.

¿Cómo podemos conectar con el presente y con cómo nos sentimos?

Seguramente hayas oído hablar del mindfulness o atención plena. Nos referimos a la capacidad de atender de forma consciente al momento presente. Practicar mindfulness es uno de los métodos que nos ayuda a entrenar y reforzar nuestra atención al presente y a conectar con nosotr@s mism@s.

Te doy algunas ideas para que empieces a familiarizarte:

Practica la atención plena en las actividades de la vida diaria: por ejemplo cuando realices actividades cotidianas como ducharte, desayunar, hacer un trayecto a pie, etc. Concéntrate en tus movimientos, tus sensaciones físicas, en tus sentidos, en cómo te estás sintiendo.

Elimina los pensamientos intrusivos: Cuando te sorprendas a ti mismo rememorando una escena del pasado o anticipando una escena del futuro, piensa lo que estás dejando de vivir ahora; el pasado no puede modificarse, y el ahora es lo único real; no lo dejes escapar sin prestarle la atención que se merece.

Planifica, pero recuerda que también tienes que vivir el presente: Establecer planes y objetivos nos ayuda a desarrollar la motivación, la dirección que toma nuestra vida, etc. Pero no te olvides de que lo importante es disfrutar el camino antes de llegar a la meta; procura que tu presente tenga sentido y no sea sólo un camino para llegar a tu objetivo.

Busca algún momento del día para “no hacer nada”: ¿Te cuesta sentarte en el sofá y quedarte 5 minutos sin hacer absolutamente nada y sin ningún estímulo? ¿Qué te parecería intentarlo? Mientras lo hagas obsérvate, siente cada parte de tu cuerpo. ¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes? ¿Qué pensamientos vienen a tu cabeza? Reconócelos y déjalos ir, en estos cinco minutos no tienen cabida, céntrate en ti.

Empezar y mantener esta práctica suele ser difícil, no te atormentes, empieza poco a poco y verás que con la práctica iras conectando más con tus sensaciones, tus emociones y con el momento presente.

La práctica de la atención plena conduce habitualmente a una sensación de equilibrio y bienestar psicológico.

Tenemos que entender e integrar nuestro pasado para poder caminar hacia el futuro; pero por el camino no debemos olvidarnos de disfrutar el presente.

¿TIENES DIFICULTAD PARA CONECTAR CON TUS EMOCIONES?

Habitualmente me encuentro con personas que acuden a consulta con síntomas como ansiedad, somatizaciones a nivel físico, dificultades a la hora de vincularse íntimamente con una pareja, etc.  Pero que aparentemente dicen estar “bien”, que en su vida va todo bien, y se muestran sorprendidas con la aparición de estos síntomas que les cuesta comprender.

¿Te encuentras en esta situación? ¿Tienes la impresión de que en tu vida no hay altibajos a nivel emocional? ¿Siempre tienes la sensación de “estar bien”? Es posible que sientas que tu vida pasa a lo largo de una línea emocional plana, que te cueste pensar en algún momento en el que no hayas estado “bien”, que hayas sentido tristeza, miedo, rabia… a veces sucede sólo con alguna emoción en concreto.

Si te sientes identificado/a con estas situaciones, posiblemente tengas una dificultad para conectar con tus emociones. Todo lo que vivimos, cómo son nuestras relaciones, qué les pasa a nuestros seres queridos… todo tiene un componente emocional y nos afecta de alguna manera.

 Las emociones son adaptativas, nos dan mucha información de lo que está sucediendo y cómo nos está afectando. No debemos dudar de que tenemos emociones; y necesitamos aprender a sentirlas, a conectar con ellas y a regularlas.

Lo primero que debemos saber es que cuando aparece un síntoma, siempre nos está informando de algo, nos comunica que hay algo en nuestra vida que no está bien, que no estamos gestionando bien. Y que si no conectamos con esas emociones y no conseguimos reconocerlas y sentirlas, nuestro cuerpo nos da un aviso en forma de síntoma.

Algunas claves que te ayudarán a entenderte mejor

– Gestión de las emociones en la familia: Muchas veces cuando somos pequeñ@s, recibimos de nuestro entorno mensajes como “no llores”, “no te enfades”, “tienes que ser fuerte”… La expresión de algunas emociones es censurada. Lo que aprendemos de nuestros padres y otras personas significativas a partir de lo que hacen, de lo que dicen y lo que expresan o no expresan, son maneras directas de decirnos cómo debemos sentir y expresar lo que sentimos. 

Historia personal: En ocasiones vivimos situaciones personales muy duras, difíciles de asimilar y procesar. De manera inconsciente, para poder afrontarlas, nos desconectamos emocionalmente, creamos una especie de barrera y seguimos adelante sin conectar con la parte emocional, desarrollamos lo cognitivo o somatizamos; el cuerpo suele expresar lo que reprimimos emocionalmente.

– Nuestros hemisferios cerebrales: El hemisferio izquierdo es el encargado de procesar el lenguaje, las matemáticas, la lógica, etc. Es nuestro hemisferio “racional”. Mientras que el hemisferio derecho es el “emocional”: se encarga de la música, la creatividad, los sentimientos y las emociones, entre otras muchas cosas. Aunque esta es una explicación muy simple de un tema muy complejo y sometido a mucho debate; lo que pretendo transmitir es que algunas personas están más habituadas a actuar con un predominio del hemisferio izquierdo (control, racionalidad, lógica…); muchas veces se dedican a profesiones más científicas y suelen mostrar mayor dificultad para conectar con la parte creativa, emocional, etc. que gestiona nuestro hemisferio derecho.

– Miedo a sentir: Otras veces sentir la emoción puede darnos miedo; miedo a que pueda ser desagradable, a que pueda desbordarnos, a que podamos perder el control. También a que nos pueda hacer sentir más débiles, o vulnerables, o parecernos a alguien a quien no queremos parecernos. Debido a este miedo, no nos reconocemos como personas emocionales y no nos permitimos sentir. 

Las personas con dificultad para conectar con sus emociones suelen pasarse la vida pensando que no sienten nada. Sienten que están bien. Pero realmente es no sentir las emociones, bloquearlas, lo que va a acabar provocándonos malestar.

Necesitamos aprender a prestarles atención, reconocerlas, sentirlas y expresarlas.

Si te encuentras en esta situación y sientes que necesitas ayuda, te recomiendo consultar con un/a profesional que te acompañe en el camino de redescubrir tus emociones y aprender a relacionarte con ellas.

celos pareja

LOS CELOS EN LA PAREJA

Cuando una persona siente celos, suele mostrar desconfianza y sospecha permanente hacia la otra persona; vive en un estado de alerta permanenete y muchas veces utiliza estrategias de control sobre su pareja para aliviar su ansiedad. Los celos y las conductas asociadas a ellos, hacen que crezca la tensión en la pareja, que se alejen uno del otro y que la desconfianza aumente; por ello es importante trabajarlos, ya sea de manera individual (la persona que siente celos) o en pareja.

Es habitual pensar que los celos son una expresión de amor, de cuánto se quiere a la pareja; pero esto es una creencia errónea que por desgracia está muy extendida. Los celos están relacionados con el sentimiento de posesión. El amor es muchas cosas; pero sobretodo, es el sentimiento de querer a otra persona, de querer lo mejor para ella “querer el bien de la otra persona”, eso es amor. Cuando aparecen los celos, vienen ligados a un sentimiento de posesión; y probablemente nos informan de que algo va mal en la pareja o en la persona que los siente.

Pero, ¿Por qué aparecen los celos? ¿Qué hay detrás de ellos?

Primero de todo pregúntate: ¿Qué emoción hay detrás de mis celos? 

Normalmente, las emociones que se esconden detrás son el miedo, el enfado y la tristeza. Pregúntate, ¿cuál predomina?. Si podemos identificarla podremos encontrar estrategias específicas para resolver los problemas causados por esa emoción.

Si es el miedo, pregúntate: ¿a qué tengo miedo? ¿a que me deje? ¿A que la otra persona sea mejor que yo? ¿a estar sólo/a?…

Si es enfado, pregúntate: ¿Con quién estoy enfadado/a? ¿Conmigo mismo/a? ¿Con mi pareja? ¿Con la otra persona?…

Y si es tristeza, pregúntate: ¿Qué es lo que me entristece? ¿Es una conducta en concreto o algo general? ¿Mi tristeza está causada por una situación actual o la provoca algo del pasado?…

Si somos capaces de responder estas preguntas, nos ayudarán a conocernos en profundidad y a saber qué tenemos que trabajarnos para estar mejor. Tus celos te señalarán el camino hasta la herida, tómalos como una señal que indica qué aspecto tuyo sería bueno trabajar.

Algunos de los motivos que nos llevan a ser celosos/as son los siguientes:

– La inseguridad, falta de confianza en uno mismo/a, y en general una baja autoestima.

– Las experiencias familiares y/o experiencias vividas en primera persona anteriormente que no hayan sido elaboradas, y tengan que ver con las infidelidades y los celos.

– Estar realizando una proyección (veo en la otra persona algo que yo no tengo y me gustaría tener o algo que yo no soy y me gustaría ser)

Algunas pequeñas sugerencias que pueden ayudarte a combatir los celos:

– Practica la relajación progresiva para aliviar la tensión.

– Concéntrate en tu relación y trabaja para mejorarla. Fomenta la confianza y el amor en la pareja, dedicaos tiempo juntos de calidad, haz más grandes y visibles todas las cosas que os unen.

– Escribe en un diario tus celos: tus miedos, tus dudas, lo que estés sintiendo… te ayudará a rebajar tensión y a ordenar tus ideas y sentimientos.  

– Cuando los celos aparezcan, realiza una actividad distractora placentera para que desaparezcan (si es ejercicio físico, suele ayudar a sacar enfado y ansiedad de tu cuerpo).

– Mejora tu autoestima, refuerza tu seguridad en ti misma y trabaja tus miedos.

– Evita las comparaciones, piensa que en el momento que sientes celos tu capacidad de analizar la realidad está disminuida.

Y sobretodo recuerda esto: Tu pareja te ha elegido. Siempre habrá personas mejores que tú en algunas facetas; pero no hay ninguna razón para creer que te dejará por alguna de ellas.

Tu pareja no está midiendo tus virtudes y defectos y comparándolas con las de otra persona. El compromiso de tu pareja se basa en una combinación de varios factores: amor, lealtad, amistad, química, historia compartida y la calidad de vuestra relación. No lo olvides.

¿Te cuesta enfadarte? ¿Cómo te llevas con la rabia?

Últimamente me estoy encontrando en consulta con muchas personas que tienen dificultades a la hora de expresar su enfado. La rabia es una de nuestras emociones básicas, y como todas ellas, cumple una función.

La gestión de la rabia puede ser complicada en sus dos extremos, cuando la expresamos de manera descontrolada, o por el contrario, cuando se encuentra inhibida y no la expresamos.

En este artículo os voy a hablar del segundo caso, qué consecuencias tiene la inhibición de la rabia y algunas pequeñas ideas para aprender a gestionarla. Espero que sea de vuestro interés.

El primer paso, reconocerla. ¿Cómo sentimos la rabia en nuestro cuerpo?

Una forma sencilla de identificar cuándo la estamos sintiendo es observando nuestras reacciones corporales. No es posible estar enfadado/a y sentir tu cuerpo relajado, no son sensaciones fisiológicas compatibles.

Algunas de las sensaciones físicas más habituales son las siguientes:

– Sensación de calor, de aumento de la temperatura, sobretodo desde el pecho hasta la cara.

– Aceleración del ritmo cardíaco y de la respiración.

– El cuerpo se tensa. Las zonas más habituales donde se siente la tensión es en la mandíbula, la garganta, las manos y las piernas.

– Los movimientos son rápidos y con más fuerza y nuestra voz suele elevarse en muchas ocasiones.

– El estómago siente malestar, se paraliza; ya que el cuerpo reconoce que estás en situación “de lucha” y entiende que en este momento no es prioritario, y necesitas todos los recursos para luchar. Por eso en ocasiones sentimos malestar intestinal, nauseas, descomposición, etc.

No todas las personas sentimos estas manifestaciones corporales de la rabia, pero seguro que has podido reconocer algunas de ellas cuando te sientes enfadado/a. Estas reacciones tienen que ver con la función adaptativa que tiene la rabia y que os explico a continuación.

¿Qué función tiene la rabia?

Como todas las emociones, la rabia también viene a avisarnos de algo, a traernos un mensaje. El enfado se enraíza en una tendencia biológica que nos lleva a defendernos cuando somos atacad@s, nos sentimos amenazad@s o sentimos intrusiones.

A pesar de que es una emoción que tiene muy mala fama, sobretodo por su estrecha relación con la agresividad o la violencia, tiene una parte muy positiva; es la emoción que nos da la energía para defendernos, para marcar límites y si es necesario para atacar. Imaginaos una perra cuando te acercas a sus crías, es muy fácil que se sienta amenazada y sienta peligro; ¿cuál es su respuesta? Seguramente gruñirá y se pondrá a la defensiva, esa energía le hará estar alerta y se preparará para atacar si es necesario, pero no tiene porque hacerlo. Con su actuación ya deja claro que estás traspasando sus límites y que está enfadada. Con las personas pasa algo similar. Cuando sentimos que una situación, un comentario, etc. nos enfada, se activa la rabia en nuestro organismo, que nos hace estar alerta y nos avisa de que nos sentimos amenazados o se han saltado nuestros límites. Lo cual no quiere decir que tengamos una respuesta agresiva o violenta, la agresividad es una conducta, y podemos controlarla; no es una emoción que no podemos evitar sentir.

Otro ejemplo puede ser en el campo político o social; cuando algún hecho nos da rabia, lo sentimos injusto, sentimos que nuestros valores o derechos son amenazados, esa fuerza que nos da la rabia nos impulsa a luchar frente a lo que nos enfada y consideramos injusto (de ahí las manifestaciones, movilizaciones, etc.).

¿Qué pasa si no expresamos la rabia?

Algunas personas me dicen en consulta: “no me gusta estar enfadad@”, “prefiero no enfadarme nunca”, “me gustaría que las cosas no me enfadasen”… pero como hemos visto, el enfado tiene una función, y no podemos ignorarlo. En muchas ocasiones pensamos que es poco adecuado, que podemos dañar a los demás o qué imagen van a tener de mí si me enfado. Estas son creencias que deben trabajarse para poder permitirnos una buena expresión emocional. No reconocer y expresar nuestra rabia nos puede traer consecuencias físicas, psicológicas y relacionales. Algunas de las más habituales son las somatizaciones, la inseguridad, la ansiedad, la obsesividad e incluso la depresión. De hecho en muchas ocasiones la rabia oculta tras de sí a la tristeza.

Algunas recomendaciones

– Aprende a identificar la emoción, reconocerla y no evitarla. Escucha tu cuerpo, sé consciente de que estás sintiendo rabia y date permiso para sentirla.

– Fíjate en qué situaciones te despiertan la activación de la rabia, ¿son actuales o tienen que ver con alguna situación que has vivido anteriormente? ¿Qué pensamientos hay detrás de esta emoción?

– Aprovecha la energía que te proporciona la rabia y marca tus límites. Utilízala en positivo.

– Encuentra la manera de expresarla que te resulte cómoda: puedes gritar mientras ves un partido de fútbol, pegarle a un saco de boxeo o a un cojín que tengas en casa, expresar en una carta lo que te enfada (no es necesario que se la des a la persona con la que tienes el conflicto, sólo el hecho de escribirla ya te ayudará a canalizar la rabia y estructurar ideas)… Como hemos dicho, la rabia no tiene que estar ligada a la agresividad ni a la violencia, cada un@ debemos encontrar la forma de expresarla que sea adecuada y nos resulte cómoda. Que no se quede enquistada en nuestro interior.

El autoconocimiento emocional te ayudará a gestionar mejor tus emociones y reconocer y aliviar el malestar. Si sientes dificultades con la gestión de la rabia, tanto por una expresión descontrolada como por inhibición; es recomendable consultar con un psicólogo/a que pueda ayudarte a lograr una mejor gestión y reducir el malestar.

ENTENDER LA ANSIEDAD

Si tuviera que decir cual es la sintomatología más habitual que veo en consulta, sin duda es la ansiedad.

Muchas veces las personas que llegan a consulta están asustadas y desconcertadas por la aparición de la ansiedad en sus vidas. Las primeras veces que aparece pueden ser muy desconcertantes, en ocasiones muchas personas llegan incluso a ir a urgencias ante el malestar que sienten y con la duda de que les esté pasando algo físico (ataque al corazón, infarto, etc.). En otras ocasiones sólo sienten su presencia, pero desconocen qué les está pasando, y se dan cuenta tiempo más tarde, cuando se lo dice alguna persona cercana o consultan con algún especialista.

Mediante este artículo voy a intentar responder algunas preguntas que habitualmente me formulan mis pacientes, esperando que puedan serviros de ayuda.

¿Lo que me pasa a mí es ansiedad? ¿Qué síntomas tiene?

No hay una sola manifestación de la ansiedad; ésta engloba síntomatología muy diversa y puede manifestarse de manera distinta en cada persona. Cada una de ellas puede experimentar sensaciones corporales diferentes; algunas de las más habituales son las siguientes: sensación de ahogo, hiperventilación, presión en el pecho, taquicardia, rigidez, sudoración, temblores, nauseas o incluso mareos y desmayos.

Ésta es la sintomatología más visible o incapacitante; pero existen muchas otras manifestaciones de la ansiedad que son psicológicas; por ejemplo la sensación de agobio por no llegar a todo, por no hacer las cosas todo lo bien que desearíamos; comer de manera descontrolada, no dormir bien, sentir bloqueos mentales, miedo intenso a tener un ataque de ansiedad,etc.

¿Por qué a mí?

La ansiedad es una emoción desagradable, y cuando aparece en nuestras vidas tendemos a preguntarnos, ¿por qué a mí?. La respuesta a esta pregunta no es sencilla.

Lo primero que debemos hacer para responderla es entender que aunque la ansiedad sea desagradable y nos incomode, no podemos elegir la opción de evitarla; sino que debemos escucharla. Como toda emoción, la ansiedad tiene una función, viene a avisarnos de algo. Cuando se nos presenta debemos hacer el trabajo de escucharla y averiguar qué mensaje nos trae; seguramente nos está avisando de que hay algo que está mal en nuestra vida y debemos cambiarlo o afrontarlo de otro modo.

Muchas de las personas que acuden a terapia padecen síntomas de ansiedad pero no identifican cuál es el mensaje que viene a darles, ya que aparentemente todo está bien en sus vidas. En estos casos eso es lo que vamos a intentar encontrar y trabajar mediante la psicoterapia; además de proporcionales recursos para controlar los síntomas.

¿Por qué en este momento que estoy relajado/a?

La ansiedad aparece cuando ella elige, no avisa. Si no tenemos la costumbre de escucharnos, de mirar dentro de nosotros cómo estamos, cómo nos sentimos, etc. Si no tenemos la costumbre de conectar con nuestras emociones; es más probable que cuando ocurra algo que desestabilice nuestras vidas no sepamos identificar lo que estamos sintiendo, y aparezca la ansiedad. En otras ocasiones las situaciones que vivimos son tan intensas que no podemos afrontarlas hasta que el dolor emocional disminuya, y nuestro modo de sobrellevarlo es tapando nuestras emociones como mecanismo de supervivencia. De este modo, en ocasiones aparece la ansiedad en el momento en que “le damos permiso” para salir, cuando estamos más relajados/as. Un ejemplo habitual podría ser tras la pérdida de un ser querido: en ocasiones alguna de las personas mantiene la posición de fortaleza ante la familia, hace todos los trámites, se preocupa por los demás y los anima; y cuando los demás ya han recobrado la tranquilidad y la situación se estabiliza, es cuando le aparece la ansiedad.

¿La ansiedad se cura?

Más que hablar de curación, prefiero reformular la pregunta; ¿la ansiedad desaparece? La respuesta es sí. Debemos descubrir qué viene a decirnos, y una vez sepamos eso, debemos actuar en consecuencia para poder lograr que desaparezca. Que su función, su mensaje, ya no sea necesario. Una vez lo logremos, la ansiedad desaparecerá. Pero no significa que no vuelva a aparecer nunca; puede suceder que en otros momentos de nuestras vidas pasemos por situaciones y vivencias que la reactiven de nuevo. Aunque si eso sucede, ya la conoceremos, tendremos más herramientas y recursos para enfrentarnos a ella y sobretodo habremos aprendido a escucharla y a escucharnos.

¿Es bueno tomar medicación para la ansiedad?

Cada caso es diferente y como hemos visto la sintomatología puede ser muy diversa y en algunos casos incapacitante, por tanto no hay una respuesta universal. En todo caso el uso de la medicación ayuda a reducir la sintomatología y puede ser muy adecuado para aliviar el malestar de algunas personas y reducir la intensidad de los síntomas, os recomendaría que consultéis con vuestro/a médico/a. De todos modos, bajo mi punto de vista, la medicación puede ayudar, pero no tiene sentido si no va acompañada de un abordaje psicológico; es un remedio “rápido”, un parche que nos puede servir de ayuda, pero tenemos que dejar que nuestras emociones salgan a la luz y entender por qué ha aparecido la ansiedad en nuestra vida.

 

Si queréis leer algunos consejos sobre cómo manejar la ansiedad, podéis leerlos en mi artículo https://www.psicologasilvianoguero.es/combatir-ansiedad/

Si se os ocurre cualquier otra pregunta sobre el tema, si tenéis alguna duda o inquietud, no dudéis en formularla e intentaré responderla lo antes posible.

 

 

 

 

 

comunicación asertividad

¿CÓMO ES TU MANERA DE COMUNICARTE? APRENDE A MEJORAR TU ASERTIVIDAD.

¿Sientes que en algunas ocasiones o con determinadas personas te cuesta expresar tu opinión? ¿Te resulta difícil decir “no”?

O por el contrario… ¿Te dicen que eres borde? ¿Que siempre hay que hacer lo que tú dices?

Seguro que fácilmente has podido verte identificado/a en alguna de estas situaciones al menos en algunos momentos de tu vida. Estas situaciones tienen que ver con nuestros estilos comunicativos. En los primeros ejemplos estaríamos hablando de un estilo de comunicación pasivo; y en los segundos ejemplos de un estilo de comunicación agresivo. Hay un tercer estilo, el estilo de comunicación asertivo, que sería el más deseable y el que nos permite sentirnos mejor con nosotr@s mism@s y resolver mejor nuestros problemas cotidianos.Vamos a conocer en este artículo los distintos estilos comunicativos y conocer algunas sugerencias que nos ayuden a ser más asertiv@s.

Estilo de comunicación pasivo:

Se caracteriza por no defender los derechos e intereses personales. Las personas que suelen tener una comunicación pasiva respetan a los demás, pero no a sí mismas. Se dejan pisotear y manejar por los demás; dejan que sean otros quienes les digan lo que tienen que hacer, aunque a veces sea abusivo.

No son capaces de expresar sus necesidades, sentimientos, derechos u opiniones; y si lo hacen, lo hacen con poca confianza e inseguridad; generándoles muchas veces un gran malestar. Suele ser un estilo de comunicación más habitual en personas tímidas, introvertidas o que se muestran inseguras en las relaciones personales.

Entre las características de este estilo de comunicación, destacan el contacto visual escaso, el tono de voz bajo y el discurso poco fluido o dubitativo.

¿Qué efectos provoca tener una comunicación pasiva? Constante sensación de ser manipulado, incomprendido o no tenido en cuenta. Sentimientos de impotencia, ansiedad, frustración y baja autoestima.

Estilo de comunicación agresivo:

Se caracteriza por defender en exceso los derechos e intereses personales sin tener en cuenta los de los demás. Suelen expresar sus opiniones, sentimientos y necesidades de manera inapropiada y dañando a los demás. En muchas ocasiones se utilizan también reproches, amenazas e incluso insultos.

Más que intentar comunicar una información, se trata de una lucha o marca de poder.

Las personas con una comunicación agresiva suelen mostrar un tono de voz elevado, habla tajante, expresión de enfado, mirada retadora y gestos exagerados y desafiantes.

¿Qué efectos provoca tener una comunicación agresiva? Puede provocar rechazo o huida por parte de los demás, destrucción o ruptura de relaciones de amistad, pareja o laborales; puede ser que la persona se sienta sin control; también puede generar culpa y frustración. En muchas ocasiones se sienten solos, incomprendidos y tienen una baja autoestima.

Estilo de comunicación asertivo:

Se caracteriza por expresar las ideas y sentimientos de una forma adecuada, respetando los derechos de los demás y los propios.

Las personas asertivas hablan claramente y con franqueza a los demás; son capaces de pedir lo que desean, expresar lo que sienten sin herir a los demás, y ser capaces de decir “no” cuando algo no les parece razonable o apetecible. Suelen ser personas que mantienen la expresión facial tranquila y amable, contacto visual directo y habla fluida y segura.

¿Qué efectos provoca tener una comunicación asertiva? Es el estilo comunicativo que te ayuda a resolver mejor los problemas cotidianos; las personas asertivas suelen tener sensación de control emocional, se sienten satisfechas y a gusto consigo mismas y con los demás.

La asertividad va muy unida a nuestra autoestima. Si nos queremos y nos respetamos, seremos capaces de querer y respetar al otro, y de esta manera podremos hacer valer nuestros derechos sin pisar los derechos del otro.

 

¿CÓMO PODEMOS SER MÁS ASERTIVOS?

La asertividad es un comportamiento que se puede aprender y mejorar. A continuación vamos a ver pequeñas sugerencias que pueden ayudarte a mejorar tu asertividad:

 

  1. Obsérvate: ¿Con quién te ocurre? ¿Cuándo te ocurre? (en el trabajo, con los amigos,en actos sociales…) ¿Cómo sueles afrontar la situación normalmente?
  2. Identifica qué piensas y sientes: ¿Qué piensas antes de enfrentarte a la situación? ¿Qué piensas durante la situación? ¿Qué piensas después? ¿Cómo te sientes en las situaciones que te cuesta afrontar? ¿Qué sensaciones físicas experimentas?
  3. Reemplaza tus pensamientos negativos:Una vez los tengas localizados, procura sustituir tus pensamientos negativos por otros más realistas y positivos; por ejemplo: “soy un mal trabajador si le digo a mi jefe que no haré todas las horas extras que me pide, lo voy a decepcionar” sustituirlo por “merezco que me respeten y no puedo hacer todas las horas extras yo cuando hay muchas personas que podrían hacerlas y no las están haciendo”.
  4. Conoce tus derechos y recuérdatelos de vez en cuando:El derecho a ser tratado con respeto y dignidad, el derecho a ser escuchado y tomado en serio, el derecho a cometer errores, el derecho a tu descanso, el derecho a tener y expresar tus propios sentimientos y opiniones, el derecho a pedir lo que quieres teniendo en cuenta que la otra persona tiene derecho a decir “no”, etc. Sólo si crees en tu derecho a defender tus ideas y expresar tus sentimientos, podrás hacerlo sin herir a nadie.
  5. Comprende que los demás no pueden leerte la mente: Si quieres que se tengan en cuenta tus deseos y necesidades, deberás empezar por expresarlas.
  6. Ten claro lo que quieres y céntrate en tu objetivo:Aunque una conversación se ponga tensa, es importante que recuerdes cuál es tu objetivo. Para ser asertivo no debes sólo exponer las situaciones, sino dejar claro qué es lo que quieres. Tu objetivo es ése, no ganar la discusión.
  7. Habla desde el “yo y no desde el “tú”: Te ayudará a expresar tus sentimientos sin que la otra persona se sienta atacada. Por ejemplo: en lugar de decir “Me has ignorado durante todo el fin de semana” puedes decir “estoy disgustada con la forma en la que te has comportado este fin de semana conmigo”. Aunque estés diciendo lo mismo pero con otras palabras, seguramente tu mensaje será aceptado mejor por la otra persona, que no lo sentirá como un ataque y se mostrará más receptivo.
  8. Reduce la ansiedad: Hay muchas técnicas que pueden ayudarte a reducir tu ansiedad: técnicas de relajación, control de la respiración, trabajo con el lenguaje corporal, etc. Es importante si quieres comunicarte de manera asertiva, que tu postura corporal sea firme y calmada, que no muestre debilidad ni por el contrario agresividad.

Si tienes dificultades para mejorar tu asertividad y sientes que tu manera de comunicarte te ocasiona malestar; te recomiendo que consultes con un/a profesional que pueda ayudarte.

“Sólo quién posee una alta autoestima, quien se aprecia y valora a sí mismo, podrá relacionarse con los demás en el mismo plano, reconociendo a los que son mejores en alguna habilidad, pero no sintiéndose inferior ni superior a nadie.”

cuerpo nos habla

EL CUERPO NOS HABLA, ESCÚCHALO

Algunas veces sentimos dolor de espalda, en el estómago, en la garganta… desarrollamos asma, sentimos presión en el pecho, nos salen manchas en la piel… y cuál es nuestra sorpresa cuando acudimos al médico y nos dice, “el origen de su dolencia no es nada físico, es psicológico”. Esto sucede más a menudo de lo que creemos.

Muchas enfermedades o síntomas físicos son el resultado de emociones reprimidas o mal gestionadas. El cuerpo grita lo que la mente calla. Debemos aprender a escuchar nuestro cuerpo para poder ser conscientes de lo que nos está pasando y poder sanar nuestro dolor físico y emocional.

Nuestras emociones tienen como objetivo ayudarnos a vivir de manera consciente, a sentir nuestras vivencias y a aprender a confiar en nuestro cuerpo y su sabiduría. Pero cada vez hemos ido despegándonos más de nuestra capacidad de autopercepción. Intentamos vivir sin sentir dolor; nos han enseñado a desechar nuestra tristeza, a no expresarla, a pensar que siempre debemos estar bien, estar animados y felices; pero no hemos logrado entender que lo verdaderamente importante es sentir. Por ello muchas veces no atendemos al dolor que nos causan nuestras emociones, sino que las bloqueamos e intentamos que no nos afecten; de esta manera nuestro cuerpo nos habla cada vez más alto para llamar la atención, y es así como surge la sintomatología física; somatizamos.

Pero escuchar a nuestro cuerpo no es una tarea fácil cuando no estamos acostumbrados a hacerlo, ¿por dónde debemos empezar?

Empecemos por algo muy sencillo: si estás cansado, descansa; si tienes que ir al baño, ve; si tienes que llorar, hazlo. Nota tus reacciones, tu respiración, los latidos de tu corazón, siente lo que tu cuerpo te está diciendo.

Es también muy importante que te fijes en la respiración y las reacciones corporales ante un estímulo; por ejemplo: si estás viendo una escena de una película: ¿cómo está palpitando tu corazón?, ¿cómo es tu respiración? , ¿sientes algo en el estómago?, ¿cómo es tu postura corporal?, ¿sientes algo en alguna otra parte de tu cuerpo?…

Puedes hacer este ejercicio ante varias situaciones y poco a poco irás tomando conciencia de tu cuerpo.

Otro entrenamiento que puedes realizar es a través de relajaciones guiadas o de la relajación muscular progresiva de Jacobson, que fácilmente puedes encontrar en Internet. Te ayudará a tomar conciencia de las partes de tu cuerpo y podrás liberar la tensión muscular de manera consciente y relajar tu cuerpo.

Algunas pistas que pueden servirnos de ayuda…

Según la parte del cuerpo en la que se encuentre el síntoma o dolor puede estar dándonos información de lo que nos ocurre. Por ejemplo:

La zona de la pelvis está relacionada con el placer, la sexualidad. Las disfunciones sexuales, el dolor lumbar… pueden avisarnos de que algo va mal en este aspecto.

El pecho suele tener que ver con las emociones a nivel afectivo. Puede darnos pistas de cómo sentimos la relación con la pareja, con la familia, etc.

La garganta está relacionada con la expresión de emociones. En muchas ocasiones cuando la emoción no es expresada, se manifiesta con “un nudo en la garganta”.

Y una parte muy importante es el estómago; todas las emociones se reflejan o manifiestan en el estómago: colitis, úlceras, comer demasiado, no comer… es una zona muy delicada.

En conclusión…

Nuestro cuerpo es un diario emocional de lo que nos va pasando. Lo importante es no huir de lo que le ocurre a nuestro cuerpo e intentar resolver aquello que hemos intentado mantener tapado durante tanto tiempo.

Nos han ido enseñando a negar las emociones negativas; pero no nos enseñaron que tenemos una capacidad innata para hacer frente al dolor, y que nuestro cuerpo sabe hacerlo por sí mismo.